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El desarrollo agropecuario y la caña de azúcar en el Valle del Cauca

La caña de azúcar fue introducida en el valle geográfico del río Cauca desde los primeros momentos de la Conquista. Según varios autores, fue Sebastián de Belalcazar quien primero la sembró en su estancia de Yumbo, seguido por Gregorio de Astigarreta, “el Viejo”, y los hermanos Andrés y Lázaro Cobo quienes plantaron cultivos de caña en sus latifundios de “la otra banda”, lado derecho del río Cauca.

En aquel entonces, se trató del comienzo de un producto, no nativo, para establecer sus posibilidades - como uno entre muchos - en la colonización del valle geográfico del río Cauca. De estos primeros sembrados se obtuvo un elemento importante, la miel, que sirvió de complemento en la alimentación del ganado vacuno y equino - también introducidos - que permitió el abastecimiento de la fuerza de trabajo de la región, especialmente la del sector minero del norte del valle.

Esta explotación inicial fue sumamente limitada, pues no se contaba con mayores elementos tecnológicos para el cultivo de la caña y la obtención de la miel. En este último aspecto, el procedimiento estuvo sujeto a la utilización de un instrumento conocido como “la vieja”, consistente en una horqueta en la que se colocaba la caña para ser aprisionada con una palanca de madera, recogiéndose el zumo de la caña en una vasija donde se lo procesaría hasta obtener la miel, guarapo o aguardiente.

Esta técnica para extraer el jugo de la caña y sus productos respondió a las necesidades del momento y fue vigente mientras la ocupación del territorio se realizó a partir de la explotación de las minas de oro en Cartago, Anserma y Toro; minas que fueron abastecidas por las mieles producidas en las estancias del centro del valle geográfico. Una reducida proporción de los terrenos, en algunas estancias, estaba dedicada al cultivo de la caña de azúcar, mientras que el resto del terreno fue ocupado – poco a poco -por una creciente población de ganado montaraz que colonizó el rastrojo y permitió la emergencia de la pradera; la carne de los vacunos fue utilizada para el alimento de los trabajadores de las minas. En estos hatos ganaderos también se produjeron pequeños cultivos de tabaco y productos de pan-coger.

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Cortero de caña. Foto tomada de. Archivo de Manuelita
Cuando la dificultad y agotamiento de las minas del norte del valle dieron paso a la explotación minera del Raposo, en la distante y selvática Costa Pacífica, la Estancia se vio obligada a modificarse para responder por el abastecimiento de la nueva zona minera. En estas circunstancias empezó a forjarse la Hacienda, que más que un simple asentamiento agropecuario llegó a ser la expresión simbólica del valle como espacio y como cultura. Este mundo empezó a emerger desde la Estancia cuando el propietario ausentista de la tierra decidió hacerse presente en ella para dirigir las labores del cultivo del tabaco y la caña de azúcar, en las proporciones necesarias para abastecer la mina sin abandonar la producción de ganado.

La presencia del dueño y la ampliación de los cultivos implicaron el abandono, al menos parcial, de su casa en la ciudad y la construcción de otra casa en la estancia para él, su familia y la servidumbre, al tiempo que, en el desarrollo del cultivo del tabaco, debió incrementar el número de esclavos; así mismo, la siembra y beneficio de la caña requirieron personal adicional.

La puesta en producción del tabaco, además de la mano de obra anteriormente señalada, requirió la construcción de un caney para almacenar y secar la hoja, oficio generalmente desempeñado por las mujeres. El beneficio de la caña de azúcar demandó la construcción de edificaciones y las instalaciones de un trapiche de mayor rendimiento que reemplazara “la vieja”. Este tipo de trapiche fue descrito, en el siglo XIX, por el escritor bugueño Luciano Rivera y Garrido de la siguiente manera:

Quote:
El trapiche de “La Isla” era un edificio de planta regular y dimensiones considerables, construido sólidamente de adobe y ladrillo por uno de los primitivos dueños de la hacienda,… Cubierto de teja y con notable elevación,…no era de aquellas abiertas alas de gallina abatidas casi hasta el suelo, cual suelen verse todavía en algunos trapiches de las haciendas antiguas del Valle del Cauca, que conservan el sello de la época colonial... En el interior de aquella vasta construcción se encontraba el molino para la caña, ingenioso mecanismo de hierro y madera, formado, como todos en lo general, de grandes masas de piedra cortadas en forma cilíndrica, y relucientes guardamanos de cobre.

(Rivera y Garrido, Luciano. Impresiones y Recuerdos. Carvajal y Cia, Cali, 1968, P. 75)


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Foto tomada de. López, Eduardo. Almanaque de los hechos Colombianos
Tanto el personal dedicado al tabaco como el utilizado para la obtención del producto final de la caña, la panela, exigieron la disponibilidad de sitios de habitación para los esclavos, aledaños a los lugares de trabajo, no muy lejanos de la casa del señor. Congregado este grupo humano en torno a la casa grande de las haciendas más ricas, la construcción de una capilla facilitó la distribución de las órdenes de trabajo y la satisfacción de los deberes religiosos.

Todas las haciendas fueron fundamentalmente ganaderas. La diversidad entre ellas se generó en la posesión o no de trapiche, caney tabacalero, capilla, casa de una o dos plantas cubierta con techo de paja o teja de barro. El número de esclavos, el tipo de construcción y el amoblamiento de la casa principal permiten establecer una jerarquización del prestigio social, todo ello cimentado en la riqueza obtenida en las minas del Raposo (ver Minas del Raposo) como contrapartida del abastecimiento de las mismas con los productos de la hacienda en un circuito económico cerrado.

Las guerras civiles de la primera mitad del siglo XIX rompieron este circuito y asolaron las haciendas del valle geográfico en el desmedido requerimiento de bastimentos para las tropas de los bandos en contienda. A esto se agregó que, hacia la mitad del siglo XIX, la libertad de los esclavos condujo a la llamada “crisis de la abundancia” en las haciendas y a un mercado de la tierra que dio paso a la concentración de la propiedad en unos pocos. Buen ejemplo de ello es el caso que el autor Velasco Madriñán relata en torno a los antecedentes del Ingenio Manuelita.

Quote:
Don Jorge Enrique Isaacs, padre del poeta, era un ciudadano inglés, nacido en Jamaica, …Inclinado a las labores de campo, bien percatado del brillante porvenir que esperaba a las explotaciones agrícolas e industriales de aquella tierra paradisíaca, compró…La Rita, La Primitiva, El Oriente y La Manuelita a don Mariano Becerra Carvajal y, mediante sucesivas adquisiciones de otros globos de terreno adyacentes, integró un fundo de importancia, al que su hijo, el insigne poeta, novelista y literato llamó en la María “las haciendas de tierra caliente de mi padre”. Sólo La Rita disponía de casa de hacienda y trapiche. En la casa vivió don Jorge Enrique y allí pasó su infancia el poeta. A los quince años de la compra de La Manuelita ingresó al patrimonio familiar de los Isaacs la célebre hacienda de El Paraíso, escenario del romántico idilio, convertida hoy en centro turístico…

(Velasco Madriñán, Luís Carlos. Manuelita una industria centenaria, Editado por Plazas & Perry, Bogotá, 1964, P. 16.)


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Foto tomada de. López, Eduardo. Almanaque de los hechos Colombianos
Esta transformación de la propiedad sobre la tierra se inició desde el momento mismo de la Conquista cuando se otorgaron tierras, llamadas mercedes, a los conquistadores. Aquellas mercedes de tierras dieron paso al establecimiento de latifundios para cría de ganado, llamadas estancias. Al ser sembradas de caña, tabaco y cultivos de pan-coger, las estancias se volvieron atractivas para sus propietarios, algunos de los cuales y en la medida de su éxito, empezaron a desarrollar un proceso de concentración de la tierra, comprando a sus vecinos, hasta lograr establecer haciendas como las de Jorge Enrique Isaacs ya señaladas. Otras haciendas terminaron convertidas en globos de tierras indivisas en posesión de múltiples detentadores de derechos sobre ellas, por efecto de la eliminación - por leyes de la recién creada República - de la figura jurídica del mayorazgo (Ver Extinción del Mayorazgo).

Las expectativas económicas y las condiciones sociales de la segunda mitad del siglo XIX, hicieron que algunas de estas haciendas se dedicaran a buscar nuevos productos y otras a incrementar los que ya cultivaban. Dentro de las primeras, surgió una que se hizo líder del desarrollo de la explotación de la caña de azúcar en adelante, Manuelita, la cual fue imitada por otras después de mostrar las bondades de un modelo empresarial basado en una forma de administración y en la incorporación de desarrollos tecnológicos externos. El aspecto administrativo implicó la introducción de un nuevo criterio de propiedad sobre la tierra, que posibilitó el paso de la propiedad individual a la propiedad corporativa en la figura de compañía agrícola, que a su vez, permitió unas relaciones laborales distintas expresadas en trabajo asalariado y la distinción entre personal administrativo, trabajadores de fábrica y trabajadores de campo.

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Foto tomada de. López, Eduardo. Almanaque de los hechos Colombianos
A estos aportes socio-económicos debe agregarse el liderazgo industrial de Manuelita que, en el estricto sentido azucarero, se inició cuando en la primera fábrica a vapor (1901) se produjo azúcar blanca, que hoy llamaríamos "amarilla"; en 1953, con el montaje de una nueva fábrica, se inauguró en Colombia la era del azúcar refinada que consiste en tri-filtrar la miel, ya blanca, con una filtración final a través de carbón activado. No confundir azúcar refinada con "azúcar blanqueada".

En cuanto a la innovación tecnológica se introdujeron: arados metálicos, maquinaria para la nivelación de terrenos, sistemas de riego, ferrocarril interno, maquinaria a vapor, molino de masas de hierro, laboratorios, calderas, evaporadores, cristalizadores y centrífugas. Estas innovaciones racionalizaron la producción y la distribución del trabajo para dar, como resultado, un incremento sensible en el rendimiento general del volumen y calidad del producto y la posibilidad de atender mercados más amplios, en competencia por un mercado nacional, hasta constituir un ingenio azucarero industrializado.

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Foto tomada de. López, Eduardo. Almanaque de los hechos Colombianos
Este proceso de industrialización no era privativo del valle del río Cauca, pues en la Costa Atlántica se dieron procesos similares. Como estrategia administrativa, allí también se acudió a la constitución de compañías agrícolas y comerciales que aprovecharon el debilitamiento de la producción de la hacienda para proveer de nuevas tecnologías a los trapiches y la importación de maquinaria para iniciar la producción en gran escala. Las diferencias entre una y otra región estuvieron marcadas por la consistencia de los suelos, condiciones climáticas, acceso al mar y medios de transporte. Tal vez sea esta la razón por la que la producción inicial en el Valle del Cauca tuvo características domésticas, mientras que la producción en la Costa Norte estuvo desde un comienzo pensada para la exportación. De todas maneras, este tipo de producción y de industria empezó a transformarse desde finales del siglo XIX, con introducciones tecnológicas como el arado y la rueda Peltón para generación de energía mecánica, en reemplazo de los trapiches verticales movidos por fuerza animal o humana.

El crecimiento de la industria azucarera en el Valle, en términos de producción, forzosamente debe compararse con el resto de la producción nacional durante las primeras décadas del siglo XX y con el total de la producción nacional en el lapso que va desde 1932 a 1962.

En los primeros años del siglo sabemos de una producción relativamente pequeña (5 a 6 toneladas diarias en 1901) para el mercado regional por parte de Manuelita como único ingenio del valle. En 1910 la producción de Manuelita había crecido hasta 2.374 toneladas anuales, mientras en el ingenio Central Colombia, en la Costa Norte, en el mismo año y en una sola zafra, se produjeron 5.175 toneladas.



El comportamiento de ambos ingenios en los años siguientes, hasta 1928, indica que la producción del ingenio Central Colombia fue, en promedio, más alta que la de Manuelita pero mantuvo niveles de crecimiento pequeño, cercanos al 2% anual. Entre tanto Manuelita, a pesar de mantener un volumen de producción inferior, presentó un crecimiento sostenido que le permitió, acompañada de la multiplicación de los ingenios en el Valle, alcanzar una participación del 50 % en la producción nacional hacia 1932, logrando los ingenios del Valle igualar a la Costa Norte del país.

La emergencia de ingenios en el Valle, a la que venimos refiriéndonos, se inicio en 1928 con el ingenio Ríopaila en el norte de la región. A este ingenio le sucedieron numerosos establecimientos similares que contribuyeron a un incremento rápido de la producción azucarera del Valle, que había logrado el 50% del mercado nacional en 1932, hasta alcanzar el 100% de Colombia en 1962.

El ritmo de esta expansión se puede apreciar en el listado siguiente, donde se indica la fundación de ingenios en orden cronológico y algunos de sus propietarios.


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Algunos de ellos compraron maquinaria de los ingenios de la Costa Atlántica en la medida en que éstos fueron decayendo; otros aprovecharon los elementos de sus propios trapiches e ingenios que habían entrado en desuso; y, finalmente, varios ingenios desaparecieron al no poder superar los problemas administrativos y laborales.

En términos de producción, este incremento de ingenios se tradujo en una tasa anual de crecimiento de 8.6% en la década de 1930 a 1939 y de 11.5% entre 1940 y 1949.


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En la década que se inicia en 1960 se dieron acontecimientos singulares que afectaron la producción azucarera, al punto que la producción en 1969 era casi el triple de la alcanzada en 1959, gracias a la obtención de azúcar refinada en el ingenio La Manuelita, en 1953, y la entrada en producción de los ingenios La Carmelita, San Fernando, Tumaco, La Cabaña y Meléndez. También fueron importantes la conformación de la Asociación de Cultivadores de Caña (ASOCAÑA) en 1959, la firma de un pacto multilateral entre los productores de azúcar de caña para establecer políticas de producción, almacenamiento y exportación en 1963 y el establecimiento de 2 nuevos ingenios, El Arado y el Cauca en los años 60. Esta organización gremial del sector azucarero se preparaba, entonces, para lanzarse a la exportación en gran escala ante la expectativa que abrió la suspensión, por parte de los Estados Unidos, de la cuota azucarera para Cuba por su Revolución, lo cual provocó el SUGAR ACT 1965 y la redistribución de esta cuota. Para desilusión de los azucareros colombianos, esta redistribución escasamente los tuvo en cuenta: otros países resultaron mejor favorecidos, pues de esta cuota a Colombia se le asignó el 0.35%. Ante esta situación debieron enfrentar la lucha por fuera de las cuotas en el mercado internacional abierto, motivados por el alza del precio internacional del azúcar.

Ante tal panorama mundial, y el aumento del consumo de azúcar en Colombia, la industria azucarera debió detener su expansión territorial y concentrarse en la realización de considerables inversiones para una actualización tecnológica que le permitiera presentar, de allí en adelante, mejores tasas de productividad, como se puede apreciar en el cuadro siguiente:


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De todas las variables la única que disminuye es la correspondiente al número de ingenios; los demás muestran un crecimiento sostenido. El área sembrada en caña creció, gracias a nuevas relaciones de uso y tenencia de la tierra al servicio del sector tales como arrendamiento por parte del ingenio o compra de la caña a productores independientes. En términos gremiales este cambio fomentó la organización de los productores en Procaña (Asociación Colombiana de Productores y Proveedores de Caña) en 1973 y el fortalecimiento de Asocaña. Respecto a las variables TCH, TAH y TA/TC, referidas en el cuadro anterior, se observa un aumento importante en la productividad de la tierra y de la caña; además, la edad del corte de la misma disminuyó notablemente entre 1979 y 1999, lo que significa menor tiempo del cultivo para obtener la cosecha. Esta optimización de la explotación fue el resultado, en un primer momento, de la investigación que cada ingenio realizaba; pero con la creación de Cenicaña (Centro de Investigación de la Caña de Azúcar) creado por Asocaña en 1977, la investigación del sector se cualificó científico.

En este mismo período, el sector productor de caña descubrió que utilizando las tecnologías adquiridas podía abrir una frontera nueva utilizando los elementos, hasta el momento, de desecho en la producción o extrayendo nuevos productos de las mismas mieles. Fue la oportunidad para incursionar en el mundo del papel, la sucroquímica y, finalmente, los biocombustibles.

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Localización y Organigrama del Cluster del Azúcar. Tomado de: www.asocaña.org


El sector azucarero ha sido no sólo protagonista si no el impulsor originario y permanente del crecimiento de la producción, en todos los órdenes, de la economía de la región.


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